martes, 26 de julio de 2011

víctimas de la modernidad

“la alegría de Lauren y el nacimiento de Eric fueron par amí ejemplos vivientes de la turbulencia urbana que era el núcleo de mis investigaciones. Otra cara de esa turbulencia fue Lucie Berlin, de Berlín, quien fue asesinada en 1904, cuando sólo tenía nueve años. En nombre de la fluctuación y la fugacidad es que nombro aquí a la niña a modo de homenaje”.

Así concluye sus agradecimientos para Reading Berlin 1900 el historiador Peter Fritzsche. Impacta la referencia a la niña berlinesa asesinada (una niña marcada con el nombre y el destino de su ciudad). La noticia pasó por las páginas de la prensa popular, como una entre miles de que conformaron la “ciudad textual” de la que se ocupa el libro. Una ciudad turbulenta, arrastrada hacia delante por el torbellino de la modernidad, por la fluctuación y la fugacidad. Su tragedia no puede sino recordar a las niñas asesinadas por M, el oscuro asesino compuesto magistralmente por Peter Lorre (nacido en 1904 por la absurda vocación poética de las cronologías) en el film de Fritz Lang. ¿No era ese vampiro la Historia, secuestrando la infancia y la experiencia?

La dedicatoria recuerda aquella con la que Marshall Berman abría su inspirador análisis de la modernidad y sus ambigüedades:

“Poco después de terminar este libro, mi querido hijo Marc, de cinco años, me fue arrebatado. A él dedico Todo lo sólido se desvanece en el aire. Su vida y su muerte acercan al hogar muchos de los temas e ideas del libro: la idea de que los que están más felices en el hogar, como él lo estaba, en el mundo moderno pueden ser los más vulnerables a los demonios que lo rodean; la idea de que la rutina cotidiana de los parques y las bicicletas, de las compras, las comidas y las limpiezas, de los abrazos y besos habituales, puede ser no sólo infinitamente gozosa y bella sino también infinitamente precaria y frágil; que mantener esa vida puede costar luchas desesperadas y heroicas, y que a veces perdemos. Ivan Karamazov dice que, más que cualquier otra cosa, la muerte de un niño lo hace querer devolver su billete al universo. Pero no lo devuelve. Sigue luchando y amando; sigue adelante.”


lunes, 2 de mayo de 2011

nostaliga

"Pequeños santuarios similares a las iglesias minoritarias y a los arrogantes clubs ingleses en donde los retoños de aquellos que habían perdido la Revolución (fracción exquisita) se preparaban para el festín y el dolor del mundo." R.B.

martes, 19 de abril de 2011

ironía y optimismo

"Y si contra lo que creía el optimismo de ayer la historia no tiene un desenlace preestablecido, pero, contra lo que imagina el pesimismo de hoy, no oculta bajo cambiantes apariencias una horrenda realidad siempre igual a sí misma, y ofrece en cambio un camino siempre abierto y nunca seguro en su rumbo, la tenacidad con que esas exigencias se rehúsan a morir basta para revalidarlas, aún en medio de la ruina de tanto de lo construido bajo su acicate."

La cita de Halperín (1987), no rima únicamente con la anterior de L. Febvre. Me recuerda también, quizás porque el párrafo inspira este conjunto anárquico de lecturas, la justificación de Barthes a su Fragmentos de un discurso amoroso: "Cuando un discurso es de tal modo arrastrado por su propia fuerza en la deriva de lo inactual, deportado fuera de toda gregariedad no le queda más que ser el lugar, por exiguo que sea de una afirmación. Esa afirmación es, en suma, el tema del libro que comienza".

jueves, 14 de abril de 2011

no retornable

Idea para el título de una novela: El retorno del reprimido.

optimismo

"En estos años en que las angustias nos oprimen no quiero repetir con el Michelet del Peuple: 'Jóvenes y viejos estamos fatigados'. ¿Los jóvenes, fatigados? No lo deseo. Por encima de tantas tragedias y transformaciones, en el horizonte lucen amplias claridades. En la sangre y en el dolor se engendra una humanidad nueva. Y por tanto, como siempre, una historia, una ciencia histórica a la medida de tiempos imprevisibles va a nacer. Yo deseo que mi esfuerzo haya sabido adivinar y abrazar sus directrices por adelantado. Y que mis arroyos puedan aumentar su torrente."

Lucien Febvre, en Le Souget, Navidad de 1952.

sábado, 9 de abril de 2011

"De la joven historia del celuloide (no es más vieja que mi abuela por parte materna) me gusta especialmente la edad temprana: primitive diversity. Apuesta a la autonomía de los elementos cinematográficos. Es anárquica, cinema impur. Dedico mis historias a ese querido híbrido compuesto de azar, seriedad (véase el cuidado del operador Sigrist), genio, incompetencia y fortuna. Eso que a posteriori llamamos cine."

El párrafo es el cierre de la nota preliminar al comienzo de 120 historias del cine, de Alexander Kluge. El libro es extraordinario en muchos sentidos, y la edición de Caja Negra le hace justicia. Sólo un detalle me llamó la atención: la conmovedora dedicatoria de Kluge (precedida en realidad por otra, más solemne, a sus hijos) no es la única. La editora y el traductor también han dispuesto de un pequeño espacio al comienzo para desplegar sus propias declaraciones de amistad. Y si bien en ellas no hay nada extraño ni desmedido, esa presencia me pareció invasiva y hasta impúdica. Sabemos, quizás gracias a la revista Sur, que los traductores cumplen un rol importante. Pero los apreciamos más cuando saben sacar la foto sin salir en ella.
En cualquier caso, se me ocurre un proyecto menor de recolección: una historia de amor en los libros a través de sus dedicatorias.