sábado, 9 de abril de 2011

"De la joven historia del celuloide (no es más vieja que mi abuela por parte materna) me gusta especialmente la edad temprana: primitive diversity. Apuesta a la autonomía de los elementos cinematográficos. Es anárquica, cinema impur. Dedico mis historias a ese querido híbrido compuesto de azar, seriedad (véase el cuidado del operador Sigrist), genio, incompetencia y fortuna. Eso que a posteriori llamamos cine."

El párrafo es el cierre de la nota preliminar al comienzo de 120 historias del cine, de Alexander Kluge. El libro es extraordinario en muchos sentidos, y la edición de Caja Negra le hace justicia. Sólo un detalle me llamó la atención: la conmovedora dedicatoria de Kluge (precedida en realidad por otra, más solemne, a sus hijos) no es la única. La editora y el traductor también han dispuesto de un pequeño espacio al comienzo para desplegar sus propias declaraciones de amistad. Y si bien en ellas no hay nada extraño ni desmedido, esa presencia me pareció invasiva y hasta impúdica. Sabemos, quizás gracias a la revista Sur, que los traductores cumplen un rol importante. Pero los apreciamos más cuando saben sacar la foto sin salir en ella.
En cualquier caso, se me ocurre un proyecto menor de recolección: una historia de amor en los libros a través de sus dedicatorias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario